Opinión

LA MASONERÍA EN EL PROCESO DE INDEPENDENCIA

La Masonería se define a sí misma como una institución discreta de carácter iniciático, no religiosa, filantrópica, simbólica y filosófica fundada en un sentimiento de fraternidad. Tiene como objetivo la búsqueda de la verdad a través de la razón y fomentar el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. Los masones se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada “Gran Logia”, “Gran Oriente” o “Gran Priorato.

Existen muchas leyendas y dudas acerca del verdadero origen de la masonería, Una de las leyendas más importantes de la francmasonería atribuye a Hiram Abif, mítico arquitecto del Templo de Salomón en Jerusalén, la fundación de la orden masónica. Algunos textos retrotraen el origen de la masonería a épocas de aún mayor antigüedad, y llegan a considerar como fundadores a distintas figuras bíblicas, como Tubal-Caín, Moisés, Noé o el mismísimo Adán. Más realistas, pero todavía en el ámbito de lo mítico o de lo pseudohistórico, diversos autores han atribuido este origen a los constructores de las pirámides en el antiguo Egipto, a los Collegia Fabrorum romanos, a la orden de los Templarios, la de los Rosacruces o a los humanistas del Renacimiento.

La hipótesis más aceptada afirma que la francmasonería moderna procede de los gremios de constructores medievales de castillos y catedrales (la llamada masonería operativa), que evolucionaron hacia comunidades de tipo especulativo e intelectual, conservando parte de sus antiguos ritos y símbolos. Este proceso, que pudo iniciarse en distintos momentos y lugares, culminó a principios del siglo XVIII.

La masonería moderna o “especulativa” ha sido descrita a menudo como un sistema particular de moral ilustrada por símbolos. Se presenta a sí misma como una herramienta de formación, con un método particular que, basado en el simbolismo de la construcción, permite a sus miembros desarrollar su capacidad de escucha, de reflexión y de diálogo, para transmitir estos valores a su entorno.

La masonería llegó a América en el siglo XVIII y desempeñó un importante papel en los movimientos de independencia. La primera logia de los Estados Unidos se fundó en 1733 en Boston, con el nombre de Gran Logia Providencial de Massachusetts.

Igualmente se crearon logias en Centroamérica y en el Caribe. El foco de la revolución estadounidense fue la logia de San Andrés (Boston) a la cual pertenecía Benjamin Franklin. George Washington, prócer y primer presidente de los Estados Unidos, ingresó a la masonería en 1752, y en 1788 fue nombrado venerable Maestro de la Logia Alexandría Número 22. Su gran colaborador, el general francés marqués de Lafayette, al igual que Tomas Jefferson, también era masón. En los ejércitos patriotas norteamericanos se formaron logias masónicas ambulantes de militares, conformadas por oficiales, y de los 29 generales principales de los ejércitos del general Washington, 20 de ellos eran masones. Por esta razón, en los dólares americanos se estamparon símbolos de la masonería como el triángulo y el ojo que representa la mirada de Dios observando nuestros actos.

En 1797, Francisco de Miranda fundó en Londres la “Gran Logia de la Reunión Americana”, de la cual fue nombrado Gran Maestro, y que posteriormente tendría filiales en París, Madrid, Cádiz, Caracas y Buenos Aires. Esta Gran Logia fue luego disuelta por Miranda y reorganizada con el nombre de “Gran Logia Regional Americana de Londres”, con sede en su casa de Grafton Street. En esta logia se iniciaron los principales próceres y colaboradores de la independencia americana: Bernardo O’Higgins, José Manuel Carrera, Juan Martínez de Rosas, Gregorio Argomedo, Juan Antonio Rojas, José de San Martín, José María Zapiola, Carlos María Alvear, Bernardo Monteagudo y Mariano Moreno, (fundadores de la logia “Lautaro” en 1811, en Buenos Aires); además, Andrés Bello, Luis López Méndez, Simón Bolívar, José María Vergara Lozano, Vicente Rocafuerte, Carlos de Montúfar, entre otros.

El historiador Ramón Díaz Sánchez adquirió en París el documento manuscrito, en lengua francesa, relativo a la recepción masónica de Simón Bolívar en el Grado de Compañero, y que entregó en propiedad, el 1º de octubre de 1956, al Supremo Consejo del Grado 33 de Venezuela. La recepción de Bolívar tuvo lugar, según el Diploma, “el undécimo día del undécimo mes del año de la Gran Luz 5805″, es decir el 11 de noviembre de 1805.

La primera noticia que se tiene del establecimiento de la Masonería en el Virreinato de la Nueva Granada, es a partir de la Logia “LAS TRES VIRTUDES TEOLOGALES”, según los más autorizados escritores e investigadores de la Masonería, esta se fundó en 1.808, con Carta Patente expedida por la Gran Logia Provincial de Jamaica (Kingston), la cual estaba Jurisdiccionada a la Gran Logia Unida de Inglaterra. Otros Investigadores sobre la Historia de la Masonería en Colombia consideran que se fundó en 1.804, como lo informa el Ilustre Hermano Masón, (R) José Miguel Reynoso Martínez de Aparicio en un estudio publicado sobre la Historia de la Masonería Colombiana, del cual me hizo llegar copia.

Fue Gran Maestro de esta Gran Logia Provincial, el Médico Cirujano, Sir Michael Benignus Clare, desde Diciembre 12 de 1816 hasta el año de 1831. Esta Logia, Las Tres Virtudes Teologales, fue el Centro de conspiración revolucionaria de los Criollos Cartageneros para independizarse de la Monarquía Española.

La ciudad de Cartagena de Indias, fue la primera del Virreinato de la Nueva Granada en declarar su Independencia absoluta de la monarquía española, el lunes 11 de noviembre de 1811, como Estado Libre e Independiente, integrado por la Provincia del mismo nombre.

En Santa Fe de Bogotá, la masonería es promovida por el francés Luis de Rieux iniciado en la Logia francesa, el cual entabló amistad con Antonio Nariño y otros distinguidos criollos neogranadinos, a los cuales enseño en el mundo de la masonería y el papel jugado por las Logias en la Revolución Francesa.

Con el correr de los días, lo más granado de la intelectualidad santafereña empezó a darse cita con inusitada frecuencia en la biblioteca de Don Antonio Nariño, ubicada ésta en la Plazoleta de San Francisco, hoy conocida como Parque Santander, en la casa de habitación construida en el mismo inmueble en donde hoy funciona el Jockey Club, en cuyas tenidas empezó a gestarse el movimiento revolucionario de 1810.

A tales reuniones litúrgicas asistían entre otros: su cuñado, el abogado José Antonio Ricaurte y Rigueiro, custodio de los estatutos de la sociedad secreta; José María Lozano y Manrique, hijo del marqués de San Jorge; los Azuola: José Luis, fundador del “Correo Curioso”; Luis Eduardo, prócer de la independencia el antioqueño; Juan Esteban Ricaurte y Muñiz, padre del héroe de San Mateo; su íntimo amigo Francisco Antonio Zea; el canónigo Francisco Tovar; el abogado, prócer y mártir boyacense José Joaquín Camacho y Lago; el también abogado Andrés José de Iriarte y Rojas, a más de los franceses Rieux y Froes, de Pedro Fermín de Vargas y del quiteño Espejo.
Es de anotar, que durante el proceso de independencia fueron muchos los masones españoles, franceses e ingleses, que llegaron a nuestro país con el objeto de coadyuvar nuestra gesta revolucionaria, enriqueciendo con su pensamiento y sus vivencias el ideario de la revolución.

En el año de 1819, en los meses posteriores a las batallas de Boyacá y el Pantano de Vargas, en las cuales se puso punto final a los largos años de dominación española, se fundó en la ciudad de Santafé de Bogotá el taller denominado “Los Corazones Sensibles”, del cual era miembro insigne el General Francisco de Paula Santander. Junto a él un selecto grupo de reconocidos patriotas y humanistas se congregó para participar en los trabajos masónicos de dicha logia, la que con el paso de los meses habría de adoptar como título distintivo el de Logia “Luz de Colombia Nº 1” y posteriormente “Fraternidad Bogotana Nº 1”.
En enero de 1820 se funda una Logia encabezada por el General Francisco de Paula Santander, vicepresidente encargado del poder ejecutivo del Estado de Cundinamarca.

En el contexto Latinoamericano de la época, para San Martín, la seguridad de la Argentina radicaba en Chile y la salvación de Chile en el Perú, la iniciativa del enlace entre el sur y el norte fue del Director de las Provincias Unidas del Sur, Juan Martín de Pueyrredón, que le escribe a Bolívar instándolo a la acción común.

Bolívar habló, en una proclama al pueblo venezolano, del día “en que coronadas de laureles vayan a unirse nuestras armas triunfantes, llevando, de los extremos del continente austral al centro oscuro donde mora como en sus últimas trincheras, el despotismo agonizante, la paz, la fraternidad y la libertad…”. Bolívar contestó la carta al año y medio.

San Martín cruzó los Andes, peleó en Chacabuco y en Maipú, victoriosamente, y al fin liberó a Chile; los españoles se concentraron en el Perú.

Ello facilitó el triunfo de Bolívar en Boyacá, el 7 de agosto de 1819, que decide la independencia de Colombia. En una proclama anuncia que norte y sur juntarían sus estandartes en la tierra de los Incas.

San Martín quería declararle la guerra a Colombia. En la carta del 3 de marzo de 1822, de San Martín a Bolívar, se destacan puntos básicos, a saber:

  1. La cuestión de Guayaquil debe resolverla el voto del pueblo y no por la fuerza (“… tengo el sentimiento de ver la seria intimación que le ha hecho V. E. para que aquella provincia se agregue al territorio de Colombia…”, le dice; y agrega que al mandar él, San Martín, diputados a Guayaquil “me abstuve de influir” en lo que no se vinculara a la guerra del continente.
  2. No debe ponerse la espada sino al servicio de la libertad (de la independencia, no de otra cosa).
  3. En la entrevista se dará solución a todas las dificultades existentes. La causa es una sola
    No hay evento histórico más estudiado en la historia de la Independencia sudamericana, que el encuentro de Simón Bolívar y San Martín en Guayaquil en Julio de 1822. El “Cóndor del Plata” y el “Águila de Caracas” sostuvieron una conversación de cuatro horas sin que asistiera a la misma ninguna otra persona. Los dos grandes se llevaron a la tumba lo que hablaron ese día.
    Lo cierto, es que después de ese día Guayaquil no es anexionada a la Nueva Granada sino que queda dependiendo del Virreinato del Perú.

San Martin le entrega el domino de los Ejércitos del Norte a Bolívar para la instauración del NOVUS ORDO SECLORUM.

A parte del Gran Pacto Mason con Bolívar, el retiro de San Martín obedeció, al parecer, a varios factores, y es relacionado con la política de Rivadavia, diplomática y tolerante con España y con el nuevo imperio liberal de Brasil, que acababa de incorporar la Banda Oriental a su territorio con el nombre de provincia Cisplatina: los portugueses habían ido a la Banda Oriental en base a pactos hechos con el Directorio por medio del doctor García, colega de Rivadavia en el ministerio.

Regresando a la historia de la Nueva Granada, encontramos Durante esa primera mitad del siglo XIX llegaron a funcionar en nuestro país varias logias masónicasregulares y un número indeterminado de logias militares y “de ocasión”, auspiciadas unas por la Gran Logia de Inglaterra, y otras por el Gran Oriente Francés, por la Gran Logia de España y las Grandes Logias de los Estados Unidos.

El General Francisco de Paula Santander es considerado sin duda la figura más sobresaliente de la masonería colombiana en la primera mitad del siglo XIX, quien fue honrado por diferentes Concejos con el Grado 33 y nombrado Gran Protector de la Masonería Colombiana. Santander era consciente de la importancia que tenia la masonería para el afianzamiento de la naciente república, por ello impulso la creación de gran cantidad de logias en todo el país, entre ellas la primera logia de la era republicana llamada “Libertad de Colombia”, que luego se llamaría “Fraternidad Bogotana”, así como la primera logia Antioqueña llamada “La Concordia en 1821”.

Sin embargo la fraternidad masónica no duro mucho en la Nueva Granada, pues los primeros años después de la independencia vinieron los choques entre miembros de la hermandad, estos fueron Bolívar y Santander, las diferencias políticas de estos padres de la patria, llevaron al fraccionamiento del país. La contienda se desato porque Bolívar tentado por las ideas monárquicas y los deseos de poder absoluto quería un gobierno centralista y fuerte, mientras Santander abogaba por una República federal.

De esta forma en agosto de 1828 fecha posterior a la Convención de Ocaña el presidente Simón Bolívar declara inexistente la constitución de 1821 y a sume poderes dictatoriales, así automáticamente los opositores al régimen autocrático de Bolívar tomaron el camino de la conspiración. Según Arango la respuesta de Bolívar no se hizo esperar, las logias y masones fueron sentenciados y perseguidos, a través del decreto del 8 de noviembre de 1828 se prohibió en Colombia las asociaciones o confraternidades secretas, dejando así prohibida la masonería.

Tras un obligado receso, ocasionado por la expedición en 1828 del Decreto que prohibió el funcionamiento de las sociedades secretas en el territorio de la Gran Colombia y gracias al concurso de algunos masones ingleses y jamaiquinos, se constituyó en Cartagena de Indias el Supremo Consejo Neogranadino, el cual propició el levantamiento de columnas en diferentes rincones de nuestra geografía. La masonería bogotana tan solo vino habría de reiniciar sus actividades hasta el año de 1849, al fundarse en nuestra capital la Respetable Logia Estrella del Tequendama, a instancias de algunos visionarios masones españoles que habían llegado a nuestro país como miembros de la Compañía de Teatro de Belaval, González y Fournier. Muy pronto esos masones ibéricos despertaron el entusiasmo de muchos masones de los masones criollos que a pesar de todo pululaban en el medio desde los albores mismos de la independencia. Importante papel habrían de jugar esos obreros del pensamiento durante la segunda mitad del siglo XIX, a quienes correspondió eliminar los reductos del régimen colonial y la esclavitud, crear las bases de nuestro desarrollo económico y librar una muy dura batalla para ampliar el abanico de libertades y garantías ciudadanas.

No obstante lo anterior, la Masonería en Colombia cayó nuevamente en sueños en el año de 1886, perseguida y combatida con fiereza por el movimiento acaudillado por el Presidente Rafael Núñez y distinguidos miembros de los grupos de intolerantes derechistas que accedieron desde entonces al poder.

FUENTES:

DIANA CRISTIANA MONTOYA OCAMPO Y ANDERSON MANUEL VALOYES OLIER. LA MASONERÍA EN COLOMBIA.


Jesús González

Historiador (UIS)
Administrador Financiero (UDI)
Miembro de la Asociación Colombiana de Historiadores (ASOCOLHISTORIA)
Miembro de Texas State Historical Association (TSHA)